Por: Redacción Sabores de Argentina
Durante mucho tiempo, el espumante estuvo asociado principalmente con las celebraciones de fin de año, las grandes reuniones familiares y las ocasiones especiales. Sin embargo, su versatilidad permite incorporarlo a otras situaciones de consumo, desde un aperitivo hasta una comida completa. En ese terreno, Bodegas Bianchi propone dos alternativas elaboradas en San Rafael que buscan ampliar las posibilidades de disfrutar las burbujas más allá del brindis.
La celebración del Día del Espumante, el próximo viernes 23 de octubre, ofrece el contexto para presentar las características de Famiglia Bianchi Extra Brut y Famiglia Bianchi Brut Nature, dos etiquetas que comparten origen, composición varietal y método de elaboración, pero muestran diferencias en su contenido de azúcar residual y en las sensaciones que ofrecen al paladar.
Ambos espumantes se producen con uvas provenientes de las fincas Doña Elsa y Las Paredes, ubicadas en San Rafael, al sur de Mendoza. La combinación está integrada por un 67% de Chardonnay y un 33% de Pinot Noir, dos variedades ampliamente utilizadas en la elaboración de espumantes mediante el método tradicional. La cosecha se realiza manualmente y el proceso incluye una segunda fermentación en botella, seguida de 12 meses de crianza sobre lías.
Una de las características centrales de estas etiquetas es su elaboración mediante el método tradicional, también conocido como champenoise. A diferencia de otros procedimientos de producción, en este sistema la segunda fermentación ocurre dentro de la misma botella, donde se genera naturalmente el dióxido de carbono responsable de las burbujas.
El proceso requiere tiempo y un trabajo específico de crianza. Una vez finalizada la fermentación, el vino permanece en contacto con las lías, integradas principalmente por las levaduras que intervinieron en esa etapa. Esa permanencia contribuye al desarrollo de aromas y aporta mayor complejidad a la textura del espumante.
En el caso de la línea Famiglia Bianchi, los 12 meses de crianza permiten incorporar notas que recuerdan al pan tostado, un rasgo que acompaña las expresiones frutales de las dos variedades utilizadas. El resultado son espumantes que combinan frescura, estructura y matices aromáticos provenientes tanto de la uva como de su elaboración.
La elección del Chardonnay y el Pinot Noir responde a una combinación tradicional dentro de esta categoría. En estas etiquetas, ambos varietales participan en proporciones idénticas, de modo que las diferencias entre los productos no se encuentran en el corte, sino principalmente en sus perfiles finales y en el contenido de azúcar residual.

El Famiglia Bianchi Extra Brut presenta aromas de durazno blanco, acompañados por matices minerales y notas tostadas derivadas de la crianza. Sus burbujas son finas y persistentes, mientras que en boca ofrece una estructura equilibrada, sostenida por una acidez que contribuye a mantener la sensación de frescura.
Con 8,2 gramos de azúcar residual por litro, constituye una alternativa para quienes prefieren un espumante con algo más de dulzor dentro de un perfil predominantemente seco.
Sus características permiten combinarlo con preparaciones de sabores moderados, como quesos suaves, bruschettas o entradas elaboradas con langostinos. La acidez y la textura ayudan a acompañar estos platos sin desplazar sus componentes principales.
El Famiglia Bianchi Brut Nature, por su parte, tiene un contenido de azúcar residual inferior, de 5,8 gramos por litro. Esta diferencia define un perfil más seco, aunque mantiene los mismos varietales, el procedimiento de elaboración y el período de crianza del Extra Brut.
En su expresión aromática aparecen notas de fruta blanca y recuerdos de pan tostado. Por sus características, la bodega sugiere acompañarlo con sushi, pescados y mariscos preparados de manera delicada, donde la frescura del espumante puede complementar los sabores de los ingredientes.
Más allá de las diferencias entre ambas etiquetas, la elección depende fundamentalmente de las preferencias personales y del tipo de comida. Mientras el Brut Nature ofrece una sensación de menor dulzor, el Extra Brut presenta un contenido algo mayor de azúcar residual. Los dos permiten explorar distintas combinaciones gastronómicas a partir de una misma base varietal.
La forma de servir un espumante influye en la percepción de sus aromas, su textura y su frescura. Para estas dos etiquetas, Bodegas Bianchi recomienda una temperatura de entre 6 y 8 grados, un rango que permite conservar sus características sin servirlas excesivamente frías.
Durante la comida, una frapera con agua y hielo ayuda a mantener esa temperatura. La recomendación adquiere importancia cuando la botella permanece abierta durante varios platos, una situación diferente de la habitual apertura destinada exclusivamente al brindis.
También interviene el tipo de copa. Aunque la flauta ha sido tradicionalmente asociada con los espumantes, una copa de vino blanco puede resultar adecuada para apreciar sus características aromáticas. Su mayor amplitud ofrece espacio para que se expresen tanto las notas frutales como aquellas desarrolladas durante la crianza sobre lías.
Estas consideraciones forman parte de una manera de consumir espumantes que no se limita al momento del brindis. La posibilidad de servirlos desde la entrada y mantenerlos durante la comida amplía sus aplicaciones gastronómicas y permite descubrir cómo se comportan frente a distintas preparaciones.
Con una trayectoria que se remonta a 1928, Bodegas Bianchi mantiene su vínculo histórico con San Rafael, donde se encuentran las fincas que aportan las uvas para estos espumantes. La empresa también desarrolla su actividad en el Valle de Uco y cuenta con presencia comercial en más de 40 países.
La elaboración de la línea Famiglia Bianchi se inscribe en esa trayectoria vitivinícola, con una propuesta que combina variedades tradicionales, cosecha manual y un procedimiento de producción que exige períodos prolongados de crianza.
En el Día del Espumante, las dos etiquetas ofrecen una oportunidad para observar las diferencias que pueden surgir de una misma composición varietal y un proceso de elaboración compartido. También permiten recuperar una característica que con frecuencia queda relegada frente al carácter festivo de estas bebidas: su capacidad para acompañar la comida y ocupar un lugar propio en la mesa, sin necesidad de esperar una celebración especial.