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25/09/2026 - Edición Nº548

Vinos y Espumantes | 25 sep 2026

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Pedro Rosell, una vida dedicada a las burbujas

El maestro mendocino de los espumosos murió a los 90 años. Dedicó su vida al vino, a la docencia y a una búsqueda paciente y rigurosa que terminó convirtiéndolo en una referencia indiscutida de las burbujas argentinas.


Por: Redacción Sabores de Argentina

Detrás de una copa de espumoso hay tiempo. Hay uvas elegidas con cuidado, fermentaciones, levaduras, paciencia y una sucesión de pequeños detalles capaces de modificar por completo el resultado final.

Pedro Federico Rosell construyó su carrera alrededor de esa idea.

Durante décadas sostuvo que un gran espumoso no admitía atajos. Ese principio acompañó una vida profesional que comenzó en Mendoza, continuó en Burdeos y atravesó algunas de las bodegas más importantes del país hasta desembocar en Cruzat, el proyecto que terminó condensando buena parte de su forma de entender el vino.

Rosell falleció a los 90 años y dejó detrás de sí una trayectoria inseparable de la historia reciente de los espumosos argentinos.

Mendoza, las aulas y el vino

Nació en Mendoza en 1936, en una familia ligada a la vitivinicultura. Se formó como enólogo en el Liceo Agrícola y Enológico Domingo Faustino Sarmiento y luego obtuvo el título de ingeniero agrónomo en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo.

Muy pronto apareció otra vocación que lo acompañaría durante toda su vida: enseñar.

Rosell desarrolló tareas docentes vinculadas con las cátedras de Química y Microbiología y mantuvo durante décadas una estrecha relación con la universidad. La enseñanza no fue una actividad paralela a su trabajo en bodega. Fue una parte esencial de su manera de ejercer la profesión.

Podía elaborar un vino y, al mismo tiempo, explicar por qué cada decisión tenía consecuencias sobre el resultado final.

Pedro Rosell un verdadero revolucionario de la vitivinicultura argentina y sus espumantes
Pedro Rosell un verdadero revolucionario de la vitivinicultura argentina y sus espumantes

La huella de Burdeos

Una beca del gobierno francés le permitió viajar al Instituto de Enología de Burdeos, donde completó su formación.

Allí tuvo como maestro a Émile Peynaud, una de las grandes figuras de la enología del siglo XX. La experiencia francesa terminó de consolidar una forma de trabajar basada en la precisión, la observación y el respeto por los tiempos naturales del vino.

Esa concepción sería especialmente importante cuando Rosell orientara buena parte de su carrera hacia los espumosos, una elaboración en la que cada etapa requiere paciencia y control.

Cuando eligió las burbujas

A fines de la década de 1970 llegó a Navarro Correas.

Durante aquellos años realizó ensayos con distintas variedades para analizar cuáles respondían mejor en la elaboración de espumosos. Entre 1977 y 1978, los resultados terminaron señalando con claridad a Pinot Noir y Chardonnay.

No era una elección casual. Ambas variedades tienen una larga tradición en Champagne y, con el tiempo, también se convertirían en una constante dentro de la producción de Rosell en Mendoza.

Aquellas experiencias ayudaron a desarrollar los primeros espumosos de la casa elaborados mediante el método tradicional y fortalecieron una especialización que pronto comenzaría a identificarlo dentro del sector.

Con los años participó también en proyectos vinculados con Salentein, Lagarde y Rosell Boher.

Ya entonces muchos lo llamaban “el señor de las burbujas”.

Cruzat, la bodega de los espumosos

En 2004 comenzó una nueva etapa. Junto con empresarios chilenos puso en marcha Bodega Cruzat, en Luján de Cuyo.

La idea era tan simple como exigente: hacer solamente espumosos de alta gama y elaborarlos mediante el método tradicional, con una segunda fermentación dentro de la botella.

Cruzat no nació como una bodega que sumaba espumantes a su portfolio. Nació alrededor de las burbujas.

La elección de viñedos de altura, los suelos con buen drenaje, el trabajo con Pinot Noir y Chardonnay y los largos períodos sobre levaduras fueron dando forma a un estilo en el que la influencia de Rosell resultaba evidente.

Allí pudo reunir las distintas facetas de su vida profesional: la experiencia de bodega, la investigación y la docencia.

Durante años continuó dictando cursos y formando profesionales en elaboración de espumosos.

El legado del maestro

Rosell fue autor de trabajos científicos vinculados con los espumantes y se desempeñó como presidente honorario de la Comisión de Espumantes de Bodegas de Argentina.

Pero su influencia no quedó limitada a los reconocimientos institucionales.

Está también en quienes estudiaron con él, en quienes trabajaron a su lado y en los profesionales que encontraron en su manera de elaborar una referencia.

Tras conocerse su muerte, Bodega Cruzat lo recordó como maestro y referente y destacó que su conocimiento, su rigurosidad y su respeto por los tiempos y los detalles forman parte de la filosofía de la casa desde la primera botella.

La Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo también despidió a quien había sido alumno, docente y formador de generaciones.

Pedro Rosell dedicó buena parte de su vida a comprender qué ocurre dentro de una botella mientras el vino se transforma.

Tal vez por eso su carrera puede resumirse en una idea sencilla: para obtener una gran burbuja hacen falta conocimiento y técnica, pero también paciencia.

Rosell hizo de los espumosos su especialidad. Su verdadero legado, sin embargo, quedó también en todo lo que enseñó mientras los elaboraba.

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