Por: Redacción Sabores de Argentina
En el marco del Día Mundial del Albariño, Trapiche Costa & Pampa vuelve a poner en valor una de las variedades blancas que mayor crecimiento experimentó en los últimos años dentro de la vitivinicultura argentina. Elaborado en Chapadmalal, sobre la costa bonaerense, el Albariño 2025 refleja el potencial de un terroir marcado por la cercanía del Océano Atlántico.
Ubicada en el partido de General Pueyrredón, la bodega desarrolla un proyecto vitivinícola donde la influencia de la brisa marina, las temperaturas moderadas y los suelos arcillo-limosos con presencia de calcio imprimen un perfil distintivo a sus vinos.

El viñedo de Costa & Pampa se ubica a pocos kilómetros del Océano Atlántico, en Chapadmalal.
Según explicó Ezequiel Ortego, enólogo de la bodega, la cercanía con el mar condiciona cada cosecha y permite obtener una maduración lenta que favorece la frescura y la identidad del Albariño.
"Hacer Albariño en Chapadmalal es un desafío hermoso porque el océano marca el ritmo de cada añada. La influencia directa del mar y los vientos costeros nos permiten conseguir una maduración lenta y equilibrada", señaló.
El resultado es un vino con marcada acidez natural, notas cítricas y florales y un perfil salino que, según el enólogo, lo convierte en una etiqueta especialmente pensada para acompañar propuestas gastronómicas.
El Trapiche Costa & Pampa Albariño 2025 fue distinguido con 94 puntos en el Reporte Argentina 2026 de James Suckling, elaborado por el editor senior Zekun Shuai.
De acuerdo con la evaluación, el vino se destaca por sus aromas a nectarina, su perfil mineral con notas de conchas marinas, una textura vibrante y una marcada salinidad, características que le otorgan un final largo y un perfil gastronómico.
En el mismo informe también fueron reconocidas otras etiquetas de la línea Costa & Pampa: Chardonnay 2025 y Sauvignon Blanc 2025, ambos con 92 puntos, mientras que el Pinot Noir 2025 obtuvo 91 puntos.
Con este reconocimiento, la línea elaborada en Chapadmalal continúa consolidando la propuesta de Trapiche en la viticultura de influencia oceánica y reafirma el potencial de la costa bonaerense como una de las regiones emergentes del vino argentino.