Por: Redacción Sabores de Argentina
A dos años de su desembarco en la provincia, La Cabrera Mendoza consolida su posicionamiento como uno de los espacios gastronómicos de referencia en la capital provincial, con una propuesta que articula alta cocina parrillera, experiencia sensorial y una fuerte integración con la cultura vitivinícola local.
Desde su llegada, la marca apostó a replicar su sello distintivo (reconocido a nivel internacional), pero con una adaptación específica al mercado mendocino. La estrategia no fue simplemente trasladar un modelo exitoso, sino reinterpretarlo en función de un territorio donde el vino no es un complemento, sino un eje estructural de la experiencia gastronómica.
Ubicada dentro del Hualta Winery Hotel, Curio Collection by Hilton, la propuesta se presenta como una verdadera “Casa de Carnes” en el KM 0 de la Ciudad de Mendoza, un punto neurálgico que combina turismo, negocios y vida urbana.
El espacio fue diseñado para ofrecer un entorno cálido, distendido y versátil, orientado tanto al visitante internacional como al público local. En este sentido, el restaurante se posiciona como un lugar de encuentro que trasciende la ocasión puntual: desde celebraciones especiales hasta pausas en la rutina semanal, el concepto apunta a la experiencia integral.
El desarrollo en Mendoza se concretó a través de una franquicia planificada desde cero, con una estructura operativa liderada por Welkin Prieto en la gerencia y Lucía Requena como Chef Ejecutiva. Ambos perfiles resultaron clave para adaptar los estándares de la marca a las particularidades del mercado regional.

Gaston Riviera y Julio Camsem junto a sus familias en el aniversario de La Cabrera Mendoza
Uno de los pilares que explican la consolidación de La Cabrera en Mendoza es su enfoque en la relación simbiótica entre la carne y el vino. En una provincia donde la industria vitivinícola es un motor económico y cultural, esta integración no solo potencia la propuesta gastronómica, sino que también fortalece su identidad local.
El menú y la experiencia están diseñados para resaltar esta conexión, incorporando etiquetas seleccionadas y maridajes que elevan el consumo tradicional de carne a una experiencia más sofisticada y alineada con las tendencias del turismo enológico.
El origen de La Cabrera se remonta a una esquina del barrio porteño de Palermo, donde hace más de dos décadas Gastón Riveira redefinió el concepto de parrilla tradicional. Su visión transformó el asado en una experiencia gastronómica diferencial, combinando calidad de producto, presentación innovadora y una atención al detalle que rápidamente se convirtió en marca registrada.
Ese modelo logró escalar a nivel internacional, con presencia en mercados como Chile, Colombia, España, Estados Unidos, Filipinas, México, Paraguay y Perú, consolidando a la marca como un embajador global de la parrilla argentina.
La apertura en Mendoza se inscribe dentro de esa lógica de expansión, pero con un componente estratégico adicional: insertarse en uno de los principales polos gastronómicos y turísticos del país.
En el marco de su segundo aniversario en la provincia, La Cabrera decidió reforzar su vínculo con la identidad local a través de un gesto simbólico pero significativo: la creación de chupetines de Malbec, una reinterpretación de su clásico obsequio de despedida.
Este detalle, que forma parte del ADN de la marca, fue resignificado para rendir homenaje a Mendoza. “La despedida es tan importante como el primer bocado”, explican desde el equipo, destacando la importancia de cerrar la experiencia con un elemento distintivo y emocionalmente conectado con el territorio.
La iniciativa refleja una estrategia más amplia: construir valor de marca a partir de la adaptación cultural, sin perder la esencia que posicionó a La Cabrera en el escenario internacional.