Por: Redacción Mendoza Económico
En un paso significativo para la vitivinicultura argentina, la bodega Achaval Ferrer oficializó su integración a la Denominación de Origen Controlada (DOC) Luján de Cuyo. La formalización de este ingreso demandó casi un año de trabajo previo y auditorías para cumplir con las condiciones de la entidad, subrayando el compromiso de la empresa con la preservación de la primera zona vitivinícola de Mendoza.
Con 25 años de trayectoria corporativa y casi 24 años operando en el área de Luján de Cuyo, la bodega cimenta este logro en la calidad y el legado de sus cultivos. Gustavo Rearte, director de enología de Achaval Ferrer, explicó que el fundamento técnico de la empresa se apoya en el manejo de viñedos centenarios, algunos de los cuales datan de los años 1900 y 1901. Estas plantas conservan pie franco y selecciones masales, particularidades botánicas que permiten expresar de manera fidedigna las características del suelo mendocino y el perfil del Malbec que fue introducido por los inmigrantes hace más de un siglo.

Gustavo Rearte, Director enológico de Achaval Ferrer
El proceso de admisión exigió una evaluación agronómica y enológica exhaustiva por parte de la institución rectora. Según detalló Rearte, la DOC auditó y certificó tres viñedos específicos, situados uno en Pedriel y dos en Agrelo. Esta etapa de control abarcó la revisión documental de las fincas, el análisis de los niveles de rendimiento histórico y una inspección física de las plantas para garantizar el cumplimiento de los estándares de potencialidad y producción. Finalmente, el comité de la DOC sometió los vinos a paneles de cata para avalar que su tipicidad enológica represente fielmente a Luján de Cuyo.
A partir de las uvas obtenidas de estas tres fincas aprobadas, la bodega estructurará su portafolio con cuatro nuevas etiquetas de Malbec. Debido a los requerimientos de crianza y guarda exigidos por la certificación, el mercado deberá aguardar para su comercialización. La primera etiqueta con el sello DOC saldrá a la venta en un plazo aproximado de 24 meses, mientras que las líneas restantes se presentarán entre los 36 y 48 meses posteriores. Este cronograma responde a un trabajo enológico silencioso y de degustaciones periódicas.
En el plano operativo, la nueva categorización mantiene la metodología agrícola habitual, enfocada en la individualización de los cuarteles. El rigor técnico se profundizará en el interior de la bodega, donde será imperativo mantener los caldos estrictamente separados para conservar el perfil geográfico específico y someterlos a los paneles de evaluación que monitorean las sutilezas de los distintos distritos internos de Luján.
Para Achaval Ferrer, integrar esta entidad constituye un privilegio enorme y un respaldo a la visión de los fundadores de la denominación. A partir de esta certificación, el desafío prioritario será sostener la calidad de los viñedos año tras año y trabajar en conjunto con las demás bodegas miembro para fomentar el conocimiento global de la apelación Luján de Cuyo.