Por: Redacción Sabores de Argentina
Cada 4 de agosto se celebra el Día del Vino Blanco, una fecha que en los últimos años cobró protagonismo entre bodegas, sommeliers y consumidores. Lejos de ser una opción exclusiva para el verano, los vinos blancos comienzan a consolidar su lugar en la gastronomía, la coctelería de autor y las cartas de restaurantes, impulsados por consumidores que buscan perfiles más frescos, versátiles y expresivos.
En ese contexto, Anaia Wines, desde su finca ubicada en Agrelo, Luján de Cuyo, presenta una línea de etiquetas que refleja la evolución de la categoría, con propuestas para distintos momentos de consumo y un claro foco en la identidad del terroir mendocino.
Durante años, el protagonismo del vino argentino estuvo concentrado en el Malbec. Sin embargo, el interés por los blancos viene creciendo tanto en el mercado local como a nivel internacional.

La línea de vinos blancos de Anaia abarca propuestas para distintos momentos de consumo.
Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) relevados por el Observatorio Vitivinícola Argentino, los vinos blancos representan actualmente cerca del 24,8% del volumen comercializado en el mercado interno. Además, los varietales blancos registraron un crecimiento del 13,7% hacia el cierre de 2025, mientras que los blancos sin mención varietal mostraron una tendencia opuesta.
Este escenario acompaña una tendencia global que favorece vinos de mayor frescura, menor graduación alcohólica y gran versatilidad gastronómica, donde Argentina comienza a posicionarse gracias a sus terroirs de altura.
Ubicada sobre un viñedo de 72 hectáreas, a 962 metros sobre el nivel del mar, Anaia Wines desarrolla una producción limitada basada en el respeto por la naturaleza, la innovación y la tecnología aplicada a la vitivinicultura.
Su portfolio de blancos contempla diferentes perfiles de consumidores.
Blanco de Agrelo es la puerta de entrada a la categoría dentro de la bodega: un vino fresco, liviano y pensado para acompañar comidas informales, aperitivos y encuentros cotidianos.
Por su parte, Anaia Sauvignon Blanc ofrece un perfil varietal más definido, con marcada intensidad aromática, notas cítricas y herbales, ideal para quienes buscan blancos de mayor personalidad.
La máxima expresión de la línea es Gran Anaia Viognier, elaborado con una variedad de origen francés que todavía ocupa un lugar muy reducido dentro del mapa vitivinícola argentino.

Gran Anaia Viognier representa la máxima expresión de los blancos de la bodega.
De acuerdo con el Informe de Variedad Viognier del Observatorio Vitivinícola Argentino, esta cepa representa apenas 640 hectáreas implantadas en todo el país, equivalente al 0,3% de la superficie total de viñedos y al 1,9% de las variedades blancas destinadas a vinificación.
En Agrelo, el Viognier desarrolla una intensa expresión aromática con notas florales de magnolia y madreselva, acompañadas por aromas de durazno, damasco y delicados matices especiados. En boca se destaca por su textura untuosa, estructura y frescura, características que le permiten acompañar pescados grasos, quesos maduros, curries suaves y platos especiados.
El trabajo enológico busca privilegiar la precisión y la elegancia antes que la opulencia, dando como resultado un blanco de alta gama con identidad propia y potencial de guarda.
La propuesta de blancos de Anaia se completa con Gran Anaia Sauvignon Blanc Edición Limitada, una etiqueta elaborada en partidas reducidas que profundiza la expresión varietal del Sauvignon Blanc con mayor concentración y complejidad, orientada al segmento premium y a consumidores que buscan vinos exclusivos.