Por: Redacción Sabores de Argentina
El Wine Institute consolida una de sus propuestas más distintivas: la elaboración de un vino producido 100% por alumnos. Por segundo año consecutivo, los estudiantes participaron de una experiencia integral que los llevó desde la cosecha hasta el embotellado, en un entorno que combina aprendizaje práctico y conocimiento técnico.
La iniciativa estuvo dirigida por la enóloga Lourdes Espejo, junto a la técnica Giuliana Musere y la Lic. en Bromatología Laura Bree, quienes guiaron cada etapa del proceso.
Según explicó Analía Videla, directora de la institución, el objetivo central es claro: “ofrecer a los estudiantes una experiencia práctica que complemente los conocimientos teóricos”, fortaleciendo su perfil profesional dentro del mundo del vino.
Tras una primera edición marcada por el aprendizaje y los ajustes, este año el proyecto logró dar un salto cualitativo. El equipo coordinador destacó la optimización de procesos, el mejor aprovechamiento de materiales y la incorporación de más recursos para facilitar el trabajo de los alumnos.

El proyecto integra teoría y práctica en una propuesta educativa diferencial.
A pesar de un contexto climático complejo -con lluvias intensas y granizo- la calidad de la uva fue excelente, lo que permitió sostener altos estándares en la producción.
En esta edición, la variedad elegida fue Merlot, en reemplazo del Cabernet Sauvignon trabajado en 2025. Además, se introdujeron mejoras operativas: “Pasamos de seleccionar racimos manualmente a moler directamente en bodega, optimizando el transporte y preservando mejor la calidad del vino”, explicó Espejo.
Alrededor de 15 alumnos, en su mayoría de la carrera de Sommelier, protagonizaron todas las tareas del proceso. Desde la recolección de la uva hasta la fermentación, cada instancia fue una oportunidad para comprender en profundidad la relación entre la producción y la cata.
“Lo más importante es que los chicos pudieron experimentar la magia de transformar las uvas en vino”, remarcó Espejo, destacando el impacto formativo de esta vivencia.
Por su parte, Musere subrayó la importancia de la continuidad de proveedores, lo que permitió mejorar la eficiencia mediante el uso de insumos remanentes de la cosecha anterior.
El proyecto contó con el respaldo de Vivero Mercier, que aportó infraestructura y donó las uvas para la elaboración. Este vínculo permitió a los estudiantes vivir una instancia clave: el contacto directo con la planta de vid.
Laura Bree destacó el valor de esta etapa inicial: “estar en el campo, cosechar, tocar el mosto y participar de la molienda es una experiencia fundamental”. Además, resaltó que los alumnos completan así el ciclo completo, desde la viña hasta la cata final en aula.
La iniciativa también se alinea con los ejes de sustentabilidad de Vivero Mercier, especialmente en lo vinculado a la educación de calidad. El proyecto no solo forma profesionales, sino que también acerca a los estudiantes al primer eslabón de la cadena vitivinícola.
“Recibimos alumnos de todo el país porque aquí pueden comprender cómo nace el vino, desde la planta hasta la copa”, concluyó Bree.
De esta manera, el Wine Institute reafirma su compromiso con una formación experiencial, conectada con la realidad productiva y pensada para los desafíos actuales de la industria del vino.