Por: Redacción Sabores de Argentina
De la napolitana a la polémica versión con ananá, la pizza es uno de los platos más amados —y debatidos— del mundo. Tanto es así que cada 9 de febrero se celebra el Día Internacional de la Pizza, una efeméride que rinde homenaje a este clásico de origen italiano que trascendió fronteras, generaciones y culturas.
Más allá de gustos y estilos, la pizza se consolidó como un fenómeno gastronómico y cultural, presente tanto en mesas familiares como en restaurantes de alta rotación, pizzerías de barrio y propuestas gourmet.

Cada 9 de febrero se celebra el Día Internacional de la Pizza.
El origen de la celebración es tan curioso como contemporáneo. En 2017, una pregunta lanzada en redes sociales por el entonces presidente de Islandia, Guðni Thorlacius Jóhannesson, sobre si la pizza debía llevar o no ananá, desató un debate global que se volvió viral.
El revuelo fue tal que puso nuevamente en agenda el valor cultural del plato, que ya había sido reconocido por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, y terminó por consolidar al 9 de febrero como el Día Internacional de la Pizza.
En la Argentina, la pizza ocupa un lugar indiscutido en la vida cotidiana. Aunque el país no lidera el ranking mundial de consumo, su presencia es constante en reuniones familiares, encuentros con amigos y celebraciones.
Según un informe internacional elaborado con datos de World Population Review, Scribd e Insider Monkey, la Argentina se ubica en el puesto 23 del ranking mundial de consumo per cápita, con 4,2 kilos por persona al año. El listado es encabezado por Noruega, seguida por Estados Unidos y Canadá.
Más allá de las cifras, el dato confirma algo evidente: la pizza forma parte del ADN gastronómico local.

La masa es el elemento que define una buena pizza.
Si hay un consenso que atraviesa recetas y estilos, es que una buena pizza empieza —y muchas veces se define— en la masa. Más allá del topping o del horno, la base es el elemento que marca la diferencia entre una pizza correcta y una memorable.
Utilizar harina de calidad, respetar los tiempos de fermentación y trabajar con criterio son reglas básicas que no admiten atajos.
Para Gonzalo Dacovich, maestro pizzero, hay tres claves fundamentales para lograr una masa de pizza perfecta:
1. La masa no se fuerza, se construye
Una buena masa no se logra apurando procesos. Respetar los tiempos permite que el gluten se desarrolle de manera natural, logrando una pizza más liviana, digerible y pareja en cocción.
2. Fermentación larga y controlada
Menos levadura y más tiempo es la ecuación correcta. La fermentación lenta desarrolla sabor, aroma y estructura, y aporta previsibilidad, algo clave tanto en pizzerías como en producciones artesanales.
3. Ingredientes que acompañen el proceso
No todas las harinas ni fermentos se comportan igual. Trabajar con ingredientes pensados para fermentaciones largas mejora la estabilidad de la masa y permite repetir resultados, el verdadero desafío del oficio pizzero.
En este contexto, la masa madre gana cada vez más protagonismo. Según el estudio global Taste Tomorrow, desarrollado por Puratos, el 70% de los consumidores considera que la masa madre aporta mejor sabor a los productos horneados.
Dacovich advierte que el error más común es usarla solo como reemplazo de la levadura. “La clave está en trabajar con masa madre controlada y estandarizada, especialmente en contextos profesionales”, explica.
En esa línea, recomienda soluciones como O-Tentic Durum de Puratos, que permiten obtener los beneficios de la masa madre —sabor profundo, estructura y equilibrio— sin perder control ni regularidad en el proceso.
“Al final del día, la masa madre no es magia: es método, criterio y proceso bien diseñado. Cuando eso está claro, la pizza mejora sola”, resume el experto.
En el Día Internacional de la Pizza, la celebración va mucho más allá de una porción compartida. Es una excusa para defender tradiciones, discutir sabores y poner en valor el verdadero corazón de toda buena pizza: la masa.